Published On: Mie, Feb 8th, 2017

El “analfabetismo emocional” eleva el consumo de tranquilizantes entre los jóvenes, según la UOC

Se dobla en diez años el consumo de estos fármacos entre la población de los 15 a los 34 años, que pasa del 5% al 12%//

 

 Natalie Portman.

Natalie Portman.

07/02/2017

El consumo de tranquilizantes con o sin receta entre los jóvenes se ha multiplicado en la última década. Según datos del Ministerio de Sanidad del año del 2015, en 2005 un 5,1% de los jóvenes de entre 15 y 34 años habían consumido alguna vez este fármaco, una cifra que en 2013 —año de los últimos datos hechos públicos— se había más que doblado y había llegado al 12,3%. En cuanto al porcentaje de los que habían tomado tranquilizantes una vez al mes, era del 2,7% en 2005 y del 5,6% en 2013. Pero ¿qué lleva a este colectivo a consumir este tipo de medicación? ¿Cuáles son las causas del incremento de su consumo? Mireia Cabero, profesora colaboradora del grado de Psicología de la UOC, y Manuel Armayones, cordinador del eHealth de la Universitat Oberta de Cataluña (UOC) e investigador de los estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, lo analizan.

«Los jóvenes están muy presionados. Muchos cuentan con una buena preparación, pero tienen pocas oportunidades para incorporarse con un mínimo de garantías al mercado laboral. Esto les genera desesperanza, tristeza o sensación de inadaptación en su entorno», detalla Armayones. Ambos expertos coinciden en que para hacer frente a este cóctel de emociones se recurre sistemáticamente a la farmacología. «La tendencia a encontrar soluciones rápidas —en muchos casos en forma de píldora— y la presión asistencial —con poco tiempo por parte de los profesionales sanitarios para evaluar e intervenir— pueden estar provocando un aumento de la prescripción de psicofármacos», apunta Armayones.

Solo están educados para ser felices

Para frenar este incremento, según Cabero, es necesaria una «educación emocional». Para la experta, a la sociedad, especialmente a los jóvenes, no se la ha educado para aprender a convivir y gestionar las adversidades de la vida, sino para que sea feliz y tenga éxito. «Enviamos el mensaje de que debe vivirse sin dolor y para eliminarlo se recurre a los tranquilizantes. El problema es que estos fármacos solo lo eliminan durante unas horas y eso genera la necesidad de hiperconsumirlos», alerta. En ese sentido, Armayones asegura que hay que dar un paso adelante e impulsar medidas sociales que den respuesta a las necesidades de los jóvenes y crear más plazas de psicólogos en el sistema sanitario. «La falta de estos profesionales hace que se recurra a la farmacología para problemas que la evidencia científica dice que pueden abordarse con garantías mediante una terapia psicológica», explica.
Las mujeres, las que más tranquilizantes consumen

El consumo de estas sustancias, sin embargo, también ha crecido entre el resto de la población. Las personas de entre 15 y 64 años que habían tomado tranquilizantes alguna vez en la vida en 2005 representaban el 7% de la población, mientras que en 2013 ya eran el 20%. El porcentaje de los que habían tomado una vez al mes era del 2,7% en 2005 y en 2013 ya alcanzaba el 7,7%. Por sexos, las mujeres son las que más consumen: un 25% lo ha hecho alguna vez en la vida, en contraste con el 15% de los hombres. «Como los jóvenes, las mujeres son el otro colectivo más presionado porque en la mayoría de casos recae sobre ellas la conciliación familiar, sufren más precarización laboral y cobran menos que los hombres», explica Armayones. Camero añade, además, que la mujer sigue predominando en los trabajos en que se ejerce el rol de «cuidadora», que conllevan más desgaste psicológico, como maestras, enfermeras, psicólogas o pedagogas.

Ambos expertos dejan claro que recurrir a la medicación debería ser la última de las soluciones. «Hay que hacer un abordaje integral, no solo sanitario, de los motivos que han llevado tanto a los jóvenes como al resto de la sociedad a aumentar el consumo de estos fármacos», reclama Armayones. Según el experto, si no se abordan los determinantes sociales que pueden estar afectando al colectivo que consume estos medicamentos —precarización laboral, falta de esperanza, poca participación social, paro…—, será difícil cambiar la situación porque el sistema sanitario actualmente no tiene herramientas para dar respuestas. Cabero insiste en la importancia del aprendizaje de la gestión de las emociones: «Las personas deben aprender recursos emocionales para su bienestar, a relacionarse con los demás afectiva y positivamente y a saber generar climas emocionales», concluye.