Published On: Lun, Ene 2nd, 2017

LOS CASCOS AZULES DE LA CULTURA

 

Vicente Bernaldo de Quirós

02-01-2017

Vicente Bernaldo 1Hace ya bastantes meses se presentó en sociedad un interesante proyecto de defensa del patrimonio mundial que llevaba el convencional nombre de ‘los cascos azules de la cultura’ y que presentaba el loable objetivo de defender los bienes arquitectónicos y ancestrales de las diferentes realidades culturales de la historia mundial. El proyecto se fraguó en Roma, lo que no deja de tener una simbología extraordinaria por la función que la cultura romana y latina han influido en nuestra civilización y ha sido considerado muy positivo en la mayoría de las naciones.
Vivimos unos momentos complicados desde el punto de vista patrimonial y de defensa de los valores culturales universales. Hay determinadas posiciones ideológicas y políticas que se empeñan en acotar sus raíces religiosas y sentimentales como las únicas válidas que se puedan transmitir a las generaciones del futuro. Y eso con ser muy repudiable no es lo peor, porque la destrucción del patrimonio universal que suponen otras culturas, no es únicamente una definición metafórica, sino real.
Las esculturas afganas que fueron explosionadas por los integristas talibanes que interpretaban los Budas de Bamiyan como una agresión exterior a la realidad cultural de su país marcaron un antes y un después de lo que puso suponer la destrucción cultural del mundo por parte de los elementos más enfermizos de las sociedades que pretendían un cambio económico y cultural.
Pero no solo ha sido en ese país donde se han producido los atentados culturales más denigrantes de nuestra historia. Sin alejarnos en exceso en el tiempo, hemos podido comprobar como en Irak y en otras naciones en las que la sucia mano occidental ha tenido algún tipo de intervención, las raices culturales de la vieja etapa mesopotámica han experimentado una degradacón considerable.
Ahora, en Siria, donde se produce una verdadera conflagración entre dos modelos de entender la polémica mundial sobre el control del poder cultural, las ruinas grrecorromanas de Palmira fueron víctimas de la barbarie de los soldados del Estado Islámico, que han pretenido borrar las huellas de culturas anteriores que fraguaron un compendio de nación.
Da igual quienes fueran los perpetradores de esta matanza patrimonial. En esta ocasión fueron los integristas del Estado Islámico, pero pudieran ser otros bárbaros que tuvieran como finalidad no dejar ningún rastro del pasado cultural de un país para que nadie puueda hacer cábalas sobre las infuencias y el mestizaje de otros pueblos a lo largo de muchos siglos de convivencia.
Por estas razones parecen necesarios los cascos azules de la cultura, aunque es muy posible que este nombre no sea el ideal para poner en marcha mecanismos de defensa del patrimonio universal. La historia y trayectoria de algunos integrantes de este colectivo de la ONU a lo largo de sus múltiples misiones por el mapa mundi deja bastante que desear. Son muchas las acusaciones de malos tratos, abusos sexuales y económicos y de violaciones de los derechos humanos a los que se enfrentan estos supuestos representantes del orden mundial que han cometido´demasiadas tropelías contra la población que tenían como misión defender. A lo mejor hay que cambiarles de nombre y de color del casco.
Sea de una forma u otra, la misión de paz para salvar a la cultura mundial es irrenunciable. Defender nuestro patrimonio de los brutales ataques de los enemigos del acervo histórico de los países es un deber inexcusable de los estados que tienen como modelo la civilización occidental así como el de las personas que creen que la transmisón de conocimientos representa un avance para la Humanidad.