Published On: Dom, Ene 29th, 2017

La transición portuguesa

Vicente Bernaldo de Quirós

29-01-2017

Vicente Bernaldo 1Causa estupor el intento de hacernos creer que lo que hemos vivido a lo largo de nuestra biografía es solo un espejismo y que la realidad es bien distinta a cómo nosotros nos la hemos forjado. Además, con una total falta de pudor se inventan fechas, historias y relatos que tienen cierta verosimilitud pero poca certeza. Es como esa historia de la persona que encuentra a su pareja en la cama y desnuda con otro y le suelta ese manido tópico de “querido, esto no es lo que parece”.
Uno había pensado que el revisionismo histórico era un invento de Pio Moa o César Vidal para fantasear sobre ucronías políticas e históricas que tuvieran como vencedores morales a la ultraderecha política y económica. Pero resulta que las grandes medios convencionales han comprado por bueno este relato y lo han incorporado al acervo común del periodismo de investigación. También puede tratarse de un efecto colateral del periodismo analfabeto y sin escrúpulos que, por falta de calidad, tiempo o ganas practican la fórmula del ‘tira que libres, porque total, para lo que me pagan’….. Aunque esta hipótesis, con ser plausible, no parece ser la más cercana a la realidad.
Bueno. Al grano. El reciente fallecimiento del socialista portugués, Mario Soares ha levantado ya tal cúmulo de alabanzas en los historiadores del día a día que se han perdido los principales acontecimientos. Tildar de padre de la transición, a quien fue primer ministro, un año después de la caida de la dictadura del Estado Novo es desconocer que Portugal llegó a la democracia a través de un golpe de Estado dirigido por oficiales con raíz universitaria, ideología comunista y planteamientos anticolonialista. Conviene ser riguroso porque en el país vecino, no hubo transición, sino ruptura pura y dura, a través de la Revolución de los Clavales, asumida entusiásticamente por el pueblo portugués y que luego, involucionó hacia posiciones derechistas, gracias a la influencia de los servicios secretos norteamericano y, entre otros, al propio Mario Soarez, que fue un antiguo comunista, que fundó el Partido Socialista Portugués en el exilio francés, donde sus compañeros de destierro le llemaban ‘el cerdito ibérico’.
A la revolución social y política que supuso el 25 de abril se le pusieron todos los obstáculos posibles para que sobreviviera, incluidos algunos de los propios oficiales de la época que se dedicaron a practicar el cainismo de la izquierda, tan popular entre sus correligionarios españoles. Pero Sá Carneiro, Ramalho Eanes y el propio Soares contribuyeron a que los valores del ‘Grandola, vila morena’, quedaran aparcados en una calle de Lisboa.
La historia tiene que ser respetruosa con los testigos y con las generaciones futuras y tratar de cambiarla para que resulte más edulcorada y favorable a los ojos del régimen neoliberal que hoy vive en Europa, es una estafa a los ciudadanos y a la propia Historia con mayúsculas. Quizá el mayor rescoldo de las llamas del 25 de abril sea el actual Gobierno a la portuguesa que hoy rige en el Palacio de Belem. Pero ahí, Mario Soares tuvo poco pito que tocar. A pesar de lo que nos quieran decir los mitómanos de turno y los embaucadores de la historia. Es como si nos mearan encima y nos dijeran que estaba lloviendo. Y eso en galaico.portugués suena más dulce, pero más cruel.