Published On: Lun, Ene 9th, 2017

Empresa pública, gestión privada

Vicente Bernaldo de Quirós

08-01-2017

Vicente Bernaldo 1A mi me parece sorprendentemente raro, y hasta sospechoso, que los gestores de las empresas ferroviarias públicas alcancen tan altas cotas de ineficacia en su función, que lleva a los ferrocarriles españoles a situaciones de auténtica degradación. Especialmente lastimosa es la circunstancia en la que se encuentra Feve en Asturias, donde la vía estrecha padece, un día sí y otro también, el deterioro de líneas, trayectos, paradas, andenes y de todos los elementos que representan al tren como medio de comunicación.
Entiendo que el hecho de que el dueño de las empresas sea un gobierno que no facilita el desarrollo de los medios de transporte públicos es el factor clave para explicar esta auténtica debacle de los ferrocarriles españoles, porque ni invierte, ni fomenta ni procura que el lógico deterioro de material y vías tenga sustituto y arreglo, pero, además, hay más cosas que justifican la nefasta gestión.
Siempre dije que la empresa pública y la privada no tienen especificamente los mismos modelos de gestión. No quiero señalar con ello que el gobierno de la primera tenga que optar por el despilfarro y la sinecura, puesto que debe velar por el dinero de los ciudadanos y eso se hace siempre desde el control del gasto y el aborto de proyectos y propuestas ruinosas. Pero también es cierto que los objetivos de lo privado y lo público son muy distintos, ya que mientras los primeros tratan de ganar dinero como prioridad de sus objetivos, los segundos tienen la misión de articular socialmente los fines de su funcionamiento. En el caso de los ferrocarriles, se trata de unir racionalmente territorios y permitir que los ciudadanos puedan desplazarse sin que tengan que ser discriminados por su origen geográfico.
Por ello es básico que quienes gestionen una empresa pública tengan la sensibilidad suficiente para no olvidar nunca estos preceptos. Ocurre, en ocasiones, que los responsables de este tipo de sociedades tienen una mentalidad de gestores privados, con la rentabilidad económica como aspecto clave. Y eso es un error. Quien dirija una empresa ferroviaria pública tiene que ser consciente de que el modus operandi de su labor es servir a la sociedad y no únicamente al Consejo de Administración.
Parece que las actuaciones de nuestros dirigentes ferroviarios tienen como meta de llegada la privatización del servicio. Más que parecer, todos los indicios apuntan a ello. De todos los errores que se vienen sucediendo en Feve y Renfe se beneficia siempre la carretera y, especificamente, Alsa que, como todo bicho viviente es una sociedad mercantil y privada, aunque su negocio en nuestra región no procede de la libre competencia, sino de la concesión comercial que hacen las instituciones. No solo no es competencia en muchas ocasiones, ni siquiera complementariedad, sino incompetencia pura y dura.
La compañía que fundara en su día la familia Cosmen aspira a hacerse con el paso del tiempo de una supuesta privatización ferroviaria. Y es totalmente legítimo, pero no se me ocurre que los intereses de esa empresa coincidan con los de la mayoría de los ciudadanos asturianos.
¿Alguien se cree que si, por ejemplo, Alsa toma la mayoría de las acciones de Feve va a respetar las paradas en apeaderos que son la salvación para muchas personas que necesiten trasladarse de un punto a otro de Asturias? ¿Salvaguardaría el derecho a la libre circulación? Creo que mientras le suponga un beneficio económico, estaría dispuesta a hacerlo, pero si sus márgenes de superávit no se corresponden con sus objetivos, o exigirá una subvención por trayectos (ya lo hace en la carretera) o dejará a muchos ciudadanos sin tren. Todos sabemos que la línea férrea entre Gijón y Oviedo puede ser muy rentable, pero ¿que pasa con los que se bajan o suben en Valdesoto, o en San Zabornín?. Y todos tienen el mismo derecho a llegar a su punto de destino.
Si se plantearan estos parámetros en la gestión de los ferrocarriles españoles estoy convencido de que la eficacia de los mismos sería mucho más clara. Me viene a la mente la externalización de los ferrocarriles británicos que la neoliberal Margaret Tatcher decretó en los pasados años ochenta. Los trenes ingleses funcionaban razonablemente bien y después de la privatización fueron un fracaso absoluto, ya que el codicioso deseo de los nuevos dueños de obtener ganancias rápidas y numerosas y la falta de inversiones en materia, ocasionó una gran cantidad de accidentes con decenas y decenas de muertos. Por supuesto ni ‘la dama de hierro’ ni su partido conservador dijeron que se habían equivocado. No cometamos en España el mismo error. Por el bien de los ciudadanos necesitados del tren. Y por el propio ferrocarril.