Published On: Mar, Nov 29th, 2016

Los sentimientos privados

 

Vicente Bernaldo de Quirós

27-11-2016 

Vicente Bernaldo 1   La línea que separa lo público de lo privado en algunos asuntos es bastante difusa y en ocasiones se puede inclinar hacia un lado o hacia otro en función de intereses, sentimientos o oportunidades. Las instituciones privadas de interés público son algunas de estas entidades que se balancean a ambos lados de la raya y sobre todo aquellas asociaciones deportivas que cumplen un destacado objetivo social. O aquellas otras, como las futbolísticas que tienen un componente de negocio muchísimo mayor que el meramente deportivo.

   Desde que los clubes de futbol se convirtieron en sociedades anónimas deportivas, son empresas en el amplio sentido de la palabra. Cuentan con accionistas, consejos de administración y dueños puros y duros. Pero también cuentan con una masa social de aficionados que sienten los colores del equipo como si fueran sus propios hijos y, además, exigen que las autoridades públicas se involucren económicamente cuando la situación contable no es la más afortunada.

   Desde los propios equipos de fútbol se potencian estas exigencias apelando al sentir ciudadano y a la representatividad de la ciudad, así como al hecho de que un club saneado y en una categoría superior supone ingresos económicos suplementarios en sectores como el turismo y la hostelería y en beneficio de la gran mayoría de los comercios que pueden incrementar su balance con las visitas de aficionados de otros clubes.

   Se trata de un sistema perverso que permite que un equipo de futbol gestionado con los pies pueda equilibrar sus cuentas con las ayudas, normalmente a fondo perdido, de instituciones públicas, mientras que el conjunto directivo realiza fichajes poco menos que ruinosos o se inventa faraónicas inversiones o, simplemente paga a sus dirigentes más dinero del que entra en caja.

   Creo que las instituciones públicas tienen que poner coto cuanto antes y sin remilgos a estas situaciones que no benefician a las arcas públicas y representan una especie de malversación de los fondos de todos, excusándose en la masa de socios y aficionados que se muestran sentimentalmente proclives a la camiseta de la entidad. Habría que empezar haciendo, eso que ahora se llama pedagogía, que no es otra cosa que los dineros públicos están para gastarse en atribuciones propias de las instituciones y no en entidades privadas.

   Una cosa es facilitar la permanencia de un club en las categorías superiores, con mora de deuda durante cierto tiempo, o créditos con un interés bajo, incluso avalando la financiación y otra cosa es que los dirigentes deportivos utilicen el dinero de todos en beneficio de unos pocos. Los ayuntamientos por ejemplo no tienen que ser los paganinis de los clubes representativos de su ciudad.

   Un servidor es muy aficionado al fútbol y siente pasión por los colores del Sporting (cuando me preguntan que de qué otro equipo soy seguidor, se supone que de uno de los grandes, yo siempre contesto que soy amor de una sola pieza y que mi grado de masoquismo viendo jugar a los rojiblancos de Gijón ya está suficientemente colmado como para echarme a las espaldas otra camiseta), pero jamás avalaré que el equipo de mis amores ande sisando perras de las instituciones que tienen que dar de comer al hambriento y dar luz al que lo necesite.

   Aprobé en su día que el alcalde de mi pueblo gestionara la posibilidad de que in inversor local se hiciera dueño del equipo, incluso que comprara en nombre del ayuntamiento algunas acciones para poder venderlas a un precio equitativo cuando la situación se estabilizara. También di mi visto bueno, a pesar de la grosería de la maniobra, aquel ‘véndovos Mareo’ que un vicepresidente un tanto gañan le endilgó al entonces equipo de gobierno.

   Pero ahora la situación del equipo es otra. Está a punto de eliminar su terrorífica deuda, obtiene importantes recursos por televisión, merchadising, e ingresos por taquilla. Hora es de que se revierta la escuela de fútbol a la sociedad, mediante dinerito fresco, de que se actualice el alquiler del estadio municipal de El Molinón y otras viejos favores.

   Y a partir de ese momento, será posible que el hijo del presidente del consejo de administración y los directivos que se considere oportunos cobren un salario o que se contraten empleados para implementar el valor añadido del club. Pero, mientras tanto, tan amateurs como los aficionados que pagan religiosamente su entrada. Los sentimientos son privados y uno puede ser del equipo que le sea más simpático. Pero eso no nos da argumentos para que nuestros colores sean subvencionados al cien por cien. El dinero público está por encima de los sentimientos y tiene unas finalidades objetivas. Todo lo demás es arbitrariedad y posición dominante.