Published On: Jue, Nov 24th, 2016

Libres e iguales

Vicente Bernaldo de Quirós

24-11-2016 

Vicente Bernaldo 1   Cuando las páginas de opinión de un diario dejan entrever una línea editorial coherente y la mantiene durante años, es más que probable que su credibilidad y difusión se consoliden con el paso del tiempo, máxime si el periódico representa una tendencia coincidente con una parte importante de la población. Ahora, si en el momento en que por circunstancias diversas, un cambio en el accionariado, por ejemplo, la congruencia argumental se pierde y la comunión con los lectores se olvida, el índice de ventas y de respetabilidad se va por los desguaces de las alcantarillas.

   Efectivamente. Estoy pensando en el diario El País y en el conjunto del Grupo Prisa que, en los últimos tiempos ha girado espectacularmente hacia posiciones conservadoras, muy probablemente a causa de la inclusión en el Consejo de Administración de accionistas vinculados con fondos buitre que han llegado a convertirse en el segundo propietario del grupo de medios de comunicación. Cuando un fondo de inversión inyecta dinero fresco en un negocio, muchos se felicitan por lo que supone de superación de los déficits y de las dificultades, pero este tipo de inversionistas huelen el dinero como si fuera sangre y quieren beneficios rapidísimos y a costa de lo que sea, incluso del pensamiento político de la publicación, ya no digamos de los puestos de trabajo.

   Hubo un tiempo durante la dictadura franquista en que los medios de comunicación del régimen repartían certificados de valía y eran ellos los que adjetivaban a los opositores de judeomasónicos o tontos útiles, en función de su importancia como adversario. Hoy es el Grupo Prisa el que sustituye a los voceros del sistema caduco y distribuyen certificados de demócratas, calificando a los que no son de su agrado de populistas o buenistas. Así estamos.

   Hubo otro tiempo en el que la relación laboral entre los trabajadores de El País y la empresa era sosteniblemente razonable y los acuerdos, los desacuerdos y los convenios se sucedían con absoluta naturalidad. Pero con la crisis/estafa económica de 2008, las cosas cambiaron radicalmente y el periódico pasó a ser una auténtica trinchera con expulsiones, prejubilaciones o relegaciones de los empleados más aguerridos.

   La situación llegó a ser explosiva en otras publicaciones del grupo, sobre todo en América Latina, donde los periodistas se jugaban la vida por un salario más que indigno y las cláusulas sociales distaban mucho de ser las de las empresas de la casa matriz. Llegó la situación a tales extremos, que los representantes sindicales de El País solicitaron al resto de publicaciones de Prisa en el continente americano una homologación de las condiciones laborales de todos los empleados, o al menos, un acercamiento progresivo y, sobre todo, la defensa a ultranza de la libertad de expresión en esos países amenazada por elementos vinculados a grupos paramilitares, narcotraficantes o del militarismo ultraconservador. Nada de esto fue posible. Los intereses económicos de los grandes jerarcas de Prisa prevalecieron sobre la solidaridad entre todos, a pesar de que en la línea editorial se seguía defendido la libertad y la igualdad como ejes de su pensamiento ideológico.

   Libres e iguales es el nombre de una asociación que dice promulgar la lucha contra la discriminación territorial en el Estado español y que manipula los conceptos para representar al reaccionarismo españolista más antigualla y tergiversa la Constitución buscando como objetivo final derogar el Estado de las autonomías en la Constitución. Siempre que leo los editoriales de El País o echo un vistazo a los titulares de las declaraciones de Felipe González en este medio, verdadero factótum de la involución del periódico, me doy de bruces con la realidad. Cuarenta años después de aquel mayo de 1976, cuando El País salió a la calle, las aspiraciones de muchos de sus lectores, redactores y simpatizantes, se han desvanecido como el humo. Libres e iguales es, simplemente, una caricatura de la libertad de expresión.