Published On: Sab, Oct 22nd, 2016

El Rey invoca “una España alejada del pesimismo y el desencanto”

Felipe VI llama en la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias a poner en valor los logros colectivos  y se muestra orgulloso de la historia reciente del país//

El Rey en su discurso. // CSMR.

El Rey en su discurso. // CSMR.

21.10.2010

El Rey apeló este viernes a “una España de brazos abiertos y alejada del pesimismo” e implicitamente a la unidad del país, aprovechando una vez más la tribuna de los premios Princesa de Asturias. El monarca formuló esta proposición en la antesala del posible desbloqueo de la investidura y con el omnipresente proceso independentista catalán en marcha. Felipe VI, ha apelado a “una España alejada” también “del desaliento, fiel a su irrenunciable afán de vivir y orgullosa de lo que somos, de lo que juntos hemos conseguido, que ha sido mucho y admirable”.

su llegada al Teatro Campoamor, Sus Majestades los Reyes y Su Majestad la Reina Doña Sofía fueron recibidos por el alcalde de Oviedo, Wenceslao López, y el presidente de la Fundación Princesa de Asturias, Matías Rodríguez Inciarte. Después de acceder al interior del teatro, los Reyes y Doña Sofía fueron recibidos por la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor; el presidente del Principado de Asturias, Javier Fernández; el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, y la directora de la Fundación Príncipe de Asturias, Teresa Sanjurjo.

A continuación, Don Felipe y Doña Letizia accedieron al interior del Teatro Campoamor por el pasillo central y ocuparon su lugar en la mesa presidencial, mientras Doña Sofía se dirigió al Palco Real. Tras la interpretación del Himno Nacional, a cargo de la Banda de Gaitas “Ciudad de Oviedo”, Su Majestad el Rey declaró abierto el acto de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2016.

Los galardonados, que hicieron su entrada bajo los acordes de “Ayres for cornetts & sagbuts” de John Adson, ocuparon sus asientos a la derecha de la Presidencia. Don Felipe concedió la palabra sucesivamente al presidente de la Fundación Princesa de Asturias, al galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras, Richard Ford, a la galardonada con el Premio Princesa de Asturias las Artes, Núria Espert, y Alicia Menéndez, miembro de la Secretaría de la Fundación, quien dio lectura al acta de concesión de los Premios.

Su Majestad el Rey entregó a continuación los Premios Princesa de Asturias 2016, que en esta edición distinguen a:

Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales: Winifred Mary Beard, catedrática de la Universidad de Cambridge, es una de las figuras intelectuales europeas más influyentes de la actualidad y cuenta con un amplio reconocimiento tanto del mundo académico como de la sociedad.  El jurado ha valorado en especial la capacidad de la galardonada para integrar el legado del mundo clásico en nuestra experiencia del presente. Se destaca así la herencia de la tradición clásica y se reconoce a las Humanidades como fuente inspiradora de la reflexión social y política contemporánea. La obra de Mary Beard demuestra un extraordinario talento para convertir un saber especializado en conocimiento accesible y relevante para el gran público.

Premio Princesa de Asturias de la Concordia: Aldeas Infantiles SOS, por su contribución, durante más de setenta años y en 134 países, a la protección de los niños, a través de principios pioneros y que cobran aún mayor vigencia en momentos en los que los conflictos internacionales ponen en especial riesgo a los más vulnerables. Recogieron el galardón Siddharta Kaul, presidente de Aldeas Infantiles SOS Internacional, y Pedro José Puig, presidente de Aldeas Infantiles SOS España, junto con María José González, madre SOS, y Raquel López, que pasó su infancia en un hogal de Aldeas Infantiles SOS.

Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica: Hugh Herr, líder mundial de la biónica, por haber desarrollado las primeras prótesis que logran emular la locomoción humana, permitiendo superar discapacidades, como la que él mismo tiene. Las investigaciones pioneras de Herr en biomecatrónica, combinando inteligencia artificial, neurofisiología y robótica han dado lugar a una nueva clase de prótesis biónicas inteligentes, controlables por el cerebro. Sus métodos se basan en un conjunto de disciplinas científicas y tecnológicas de vanguardia, con un impacto significativo en personas con discapacidades, a través de prótesis adaptables que permiten movimientos similares a los fisiológicos. Además, ha desarrollado exoesqueletos que, como estructuras externas y adaptadas al cuerpo, permiten potenciar las capacidades físicas humanas. Estas contribuciones están acelerando la integración hombre-máquina, lo que permitirá mejorar la calidad de vida de millones de personas.

Premio Princesa de Asturias de las Artes: Núria Espert, una de las más eminentes figuras de la escena mundial. Representa la recuperación y la continuidad de la gran tradición del teatro español, tanto en lengua castellana como en lengua catalana, y ha proyectado internacionalmente la literatura y la creación teatral hispana, clásica y contemporánea, a lo largo de una dilatada y rica carrera que la ha conducido al triunfo en escenarios de todo el mundo. Su teatro se caracteriza por la fidelidad a los ideales y aspiraciones del humanismo y ha estado siempre al servicio de la poesía y de la esencia de la escritura dramática.

Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades: James Nachtwey, considerado uno de los mejores reporteros gráficos de guerra de las últimas décadas, su compromiso profesional le ha llevado a cubrir una treintena de conflictos bélicos y crisis humanitarias sin abdicar de los principios éticos del informador ni maquillar el dictamen de la cámara. Como lúcido testigo del sufrimiento humano, su magisterio se prolonga a varias generaciones de fotoperiodistas de todo el mundo.

Premio Princesa de Asturias de Deportes: Javier Gómez Noya, vigente campeón del mundo de triatlón y con cinco títulos mundiales en su historial. Además de por su incontestable y brillante palmarés, el jurado ha reconocido los valores de esfuerzo y perseverancia ante la adversidad, demostrando una enorme fortaleza y un encomiable espíritu de superación en toda su carrera.

Premio Princesa de Asturias de las Letras: Richard Ford. La obra del escritor estadounidense se inscribe en la gran tradición de la novela americana del siglo XX. Autor de obras como “El periodista deportivo”, “Acción de gracias” y “Canadá, una épica irónica y minimalista”, define a sus personajes, tramas y argumentos. El cuidado detallismo en las descripciones, la mirada sombría y densa sobre la vida cotidiana de seres anónimos e invisibles, conjugan la desolación y la emoción de sus relatos. Todo ello convierte a Ford en un narrador profundamente contemporáneo y, al tiempo, en el gran cronista del mosaico de historias cruzadas que es la sociedad norteamericana.

Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional: Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Acuerdo de París, por más de dos décadas de trabajo con el fin de reducir la influencia humana en el aumento de la temperatura en la Tierra. El jurado ha reconocido como un hito histórico el Acuerdo, alcanzado en diciembre de 2015 en París, en el que 195 países se comprometieron finalmente a lograr un modelo de desarrollo universal que reduzca gradualmente las emisiones contaminantes y ha destacado la importancia de este Acuerdo en el contexto de la cooperación internacional, como proyecto de futuro para ayudar a todos los países a avanzar juntos hacia un modelo más limpio y sostenible. Recogió el galardón Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención, acompañada por Christiana Figueres, exsecretaria ejecutiva de la Convención.

Seguidamente, Don Felipe concedió sucesivamente la palabra a Mary Beard y Patricia Espinosa. Tras estas intervenciones, Su Majestad el Rey pronunció su discurso, que comenzó subrayando la importancia que debe tener el reconocimiento a “quienes hacen de su existencia un símbolo de compromiso y solidaridad”. “Es un privilegio dar la enhorabuena y las gracias a los galardonados y expresar la admiración profunda que sentimos por su obra”, aseguró.

A continuación, Su Majestad el Rey repasó algos de los méritos de los premiados. De Núria Espert, Premio de las Artes, subrayó que “encarna la fuerza y la belleza del teatro, y representa hoy aquí no solo la mejor herencia de nuestra escena, sino también la de tantos textos y representaciones de dramaturgos de todo el mundo y de todas las épocas”. Don Felipe expresó el deseo de que “la escena española siga contando con grandes profesionales como Núria Espert, conscientes del relevante papel cultural que tiene un teatro de calidad, y siempre vigilantes para que la escena preserve y proteja su dignidad y su imprescindible libertad”.

Del Premio de Comunicación y Humanidades, James Nachtwey, recordó su lamento porque las cosas que ha fotografiado realmente han ocurrido. “Y es cierto que tanto sufrimiento, tantas penalidades, nos provocan intensos sentimientos de impotencia y decepción…, nos pesan en el alma. Y nos hacen, además, plenamente ─dolorosamente─ conscientes de las profundas injusticias a las que buena parte de la Humanidad se ve sometida. Sus fotografías, además, nos conminan a la acción, nos obligan a no desfallecer en la búsqueda de un mundo más humano y fraternal. Son –en palabras de nuestro premiado de las letras, Richard Ford, evocando a Kafka− como “el hacha para el mar congelado que está dentro de nosotros”. Una labor titánica, pero absolutamente necesaria, que agradecemos a James Nachtwey con toda sinceridad”, manifestó Don Felipe.

Sobre Mary Beard, Premio de Ciencias Sociales, Su Majestad el Rey recordó que algunos de sus rasgos más sobresalientes son “su erudición y su amor a la verdad; la defensa a ultranza de las Humanidades y la capacidad innata para compartir y transmitir el conocimiento; o su activo compromiso a favor de los derechos de las mujeres y la pasión con la que expresa sus convicciones”. Asimismo, trazó un paralelismo con la figura de Emilia Pardo Bazán, que hace exactamente 100 años fue nombrada catedrática de Literatura Contemporánea, la primera, en la Universidad Central de Madrid: “Tal y como hace ahora Mary Beard con inteligencia y tenacidad, Emilia Pardo Bazán demostró a lo largo de su vida, con su obra y con sus acciones, que siempre merece la pena luchar por aquello en lo que se cree y, sobre todo, combatió sin tregua para dejar constancia de la profunda injusticia que subyace en la desigualdad entre hombres y mujeres”.

“Surge en nosotros un sentimiento profundo de esperanza; la esperanza de que millones de personas con discapacidad en el mundo puedan mejorar su movilidad, su calidad de vida, y puedan incluso hacer cosas que antes apenas podían imaginar con ayuda de las prótesis y los exoesqueletos que él y sus colaboradores diseñan”, destacó Don Felipe sobre el trabajo del Premio de Investigación Científica y Técnica, Hugh Herr.

Respecto al galardonado en la categoría de Deportes, Javier Gómez Noya, Su Majestad el Rey le calificó como un “verdadero modelo para todos aquellos que quieren llegar a lo más alto en un deporte y un símbolo de lo que alcanzamos cuando nuestras sanas ambiciones se construyen con fortaleza y con ilusión” y recordó los “férreos principios con los que ha construido su figura como deportista: afán constante de superación, espíritu de lucha, compañerismo, humildad”. “Javier es, en definitiva, un símbolo de los mejores valores del deporte y un verdadero orgullo para sus raíces gallegas y para toda España”, agregó.

Del escritor Richard Ford, Premio de las Letras, Don Felipe subrayó que es “muy consciente del papel fundamental e insustituible que la literatura tiene en el entramado cultural de una sociedad” y sus obras “destilan esa pureza, esa honradez, y esa grandeza. Porque Ford escribe de lo que mejor conoce y de lo que siente, con una mirada que −de forma exhaustiva y penetrante− disecciona pasiones, sentimientos, reacciones, angustias, fracasos y éxitos; consiguiendo de ese modo representar fielmente –y dignificar, como es su objetivo– a los seres humanos”.

En su referencia al Premio de Cooperación Internacional, concedido a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y al Acuerdo de París, Don Felipe señaló que “la solución solo puede llegar si la afrontamos unidos, solidariamente implicados e incluso moralmente obligados; puesto que somos víctimas, sí, pero somos sobre todo responsables… causantes de todo este daño”. “Ha llegado ya el momento de pensar en un futuro del que podamos borrar para siempre la amenaza global y en el que triunfen el desarrollo sostenible, la reducción definitiva de emisiones contaminantes, el uso de energías renovables, el reciclado… y el acuerdo de todos para que la temperatura del planeta no siga elevándose”, reclamó.

Sobre el Premio a la Concordia, que distingue la labor de Aldeas Infantiles SOS, Su Majestad el Rey afirmó que”la Humanidad no estará completamente a salvo mientras no comprendamos que proteger, atender y educar a la infancia es una prioridad”. “Los males que aquejan y acosan a la infancia tienen que ser resueltos de manera consensuada y definitiva, porque son una dolorosa prueba y una llamada de alerta constante de que muchas cosas no funcionan bien en nuestro mundo, de que no podemos esperar que otros lo arreglen, de que solucionarlo es vital en la construcción del camino hacia nuestra dignidad como seres humanos. Por eso, apoyar y fomentar la labor ejemplar y abnegada de Aldeas Infantiles debe ser claramente un imperativo”, añadió.

Don Felipe concluyó sus palabas recordando el sentimiento por el que nacieron la Fundación y estos premios: “el de amor profundo a Asturias y a toda España. Nacieron con el deseo de que el alma de esta tierra ─su lealtad, su coraje y su nobleza─ fuese un referente para todos. Nacieron con la voluntad de afirmar una España que, como dijo Unamuno, tiene que ser de brazos abiertos, en la que nadie pueda sentirse solo en el dolor o la adversidad; una España alejada del pesimismo, del desencanto o del desaliento, fiel a su irrenunciable afán de vivir y orgullosa de lo que somos, de lo que juntos hemos conseguido, que ha sido mucho y admirable; y seguros de nosotros mismos, porque un pueblo que quiera, respete y ampare la cultura nunca le temerá a su futuro”.

Tras la interpretación del Himno de Asturias, los galardonados abandonaron el escenario a los acordes de “El Xarreru”. Su Majestad el Rey declaró clausurado el acto de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2016 y convocados los Premios Princesa de Asturias 2017.

Sus Majestades los Reyes y Su Majestad la Reina Doña Sofía se trasladaron posteriormente al Hotel de la Reconquista, lugar de celebración de una recepción ofrecida por los Reyes en honor de los invitados.

El acto de entrega de los Premios Princesa de Asturias es la principal actividad que desarrolla la Fundación Princesa de Asturias, una institución privada sin ánimo de lucro, cuyos objetivos son contribuir a la exaltación y promoción de cuantos valores científicos, culturales y humanísticos son patrimonio universal y consolidar los vínculos existentes entre el Principado de Asturias y el título que tradicionalmente ostentan los herederos de la Corona de España.

Destinados a distinguir la labor científica, técnica, cultural, social y humanitaria realizada por personas, instituciones, grupos de personas o de instituciones en el ámbito internacional, estos galardones se conceden en ocho categorías: Artes, Letras, Ciencias Sociales, Comunicación y Humanidades, Investigación Científica y Técnica, Cooperación Internacional, Concordia y Deportes.

Su Majestad el Rey ha sido Presidente de Honor de la Fundación desde su creación en 1980. Tras su proclamación como Rey de España el 19 de junio de 2014, Su Alteza Real la Princesa de Asturias ostenta la Presidencia de Honor de esta institución.

La ceremonia que se celebra tradicionalmente en el Teatro Campoamor de Oviedo está considerada como uno de los actos culturales más importantes de la agenda internacional. A lo largo de su historia, estos galardones han recibido distintos reconocimientos, como la declaración extraordinaria que la UNESCO realizó en 2004 por su excepcional aportación al patrimonio cultural de la Humanidad.

  • Su Majestad el Rey es recibido por el alcalde de Oviedo, Wenceslao López
  • Don Felipe recibe el saludo del presidente de la Fundación Princesa de Asturias, Matías Rodríguez Inciarte
  • Sus Majestades los Reyes y Su Majestad la Reina Sofía, a su llegada a la Plaza del Teatro
  • Su Majestad el Rey recibe el saludo de la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor
  • Don Felipe recibe el saludo del presidente del Principado de Asturias, Javier Fernández
  • Su Majestad el Rey recibe el saludo del ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo
  • Don Felipe recibe el saludo de la directora de la Fundación Princesa de Asturias, Teresa Sanjurjo
  • Don Felipe y Doña Letizia reciben el aplauso de los asistentes al acceder al interior del Teatro
  • Los Reyes, el presidente del Principado de Asturias y el presidente de la Fundación Princesa de Asturias, en la mesa presidencial, durante la interpre
  • Los Reyes, el presidente del Principado de Asturias y el presidente de la Fundación Princesa de Asturias, en la mesa presidencial
  • Vista del escenario durante la intervención del presidente de la Fundación Princesa de Asturias
  • Los galardonados en la edición de 2016 de los Premios Princesa de Asturias, durante el acto
  • Intervención de Richard Ford, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016
  • Su Majestad el Rey entrega el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016 a Mary Beard
  • Mary Beard, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016, tras recibir el galardón
  • Su Majestad el Rey entrega el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2016, concedido a Aldeas Infantiles SOS, a Siddharta Kaul, presidente de la
  • Siddharta Kaul, presidente de Aldeas Infantiles SOS Internacional, Pedro José Puig, presidente en España, con María José González, Madre SOS, y Raquel
  • u Majestad el Rey entrega el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2016 a Hugh Herr
  • Hugh Herr, Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2016, tras recibir el galardón
  • Su Majestad el Rey entrega el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2016 a Núria Espert
  • Su Majestad el Rey entrega el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2016 a Núria Espert
  • Su Majestad el Rey entrega el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2016 a James Nachtwey
  • James Nachtwey, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2016, tras recoger el galardón
  • Su Majestad el Rey entrega el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2016 a Javier Gómez Noya
  • Javier Gómez Noya, Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2016, tras recoger el galardón
  • Su Majestad el Rey entrega el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016 a Richard Ford
  • Richard Ford, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016, tras recibir el galardón
  • Su Majestad el Rey entrega el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2016, concedido a la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio
  • Patricia Espinosa y Christiana Figueres, secretaria ejecutiva y exsecretaria ejecutiva de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, Pre
  • Intervención de Mary Beard, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2016
  • Su Majestad el Rey, durante sus palabras
  • Vista de la mesa presidencial durante la intervención de Don Felipe
  • Su Majestad el Rey, durante sus palabras
  • Su Majestad el Rey, durante sus palabras
  • Vista del escenario durante la intervención de Su Majestad el Rey
  • Su Majestad la Reina Doña Sofía, en el palco real, durante la intervención de Don Felipe
  • Su Majestad el Rey, durante sus palabras
  • Vista del interior del teatro
  • Vista del interior del teatro durante la interpretación del Himno de Asturias por la Banda de Gaitas "Ciudad de Oviedo"
  • Sus Majestades los Reyes reciben el aplauso de los asistentes al finalizar el acto
  • Don Felipe, Doña Letizia y Doña Sofía, al finalizar el acto
  • Sus Majestades los Reyes y Su Majestad la Reina Doña Sofía, a su salida del teatro
  • Sus Majestades los Reyes y Su Majestad la Reina Doña Sofía saludan a los ciudadanos congregados en la Plaza del Teatro

Palabras de Su Majestad el Rey en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2016

Teatro Campoamor. Oviedo, 21.10.2016

C​ada año, en cada edición de esta ceremonia −y en presencia de nuestros galardonados−, renacen en nosotros los sentimientos, las emociones y las ideas que irradian siempre la luz de la esperanza. Su ejemplo nos mueve a la reflexión sobre el lugar destacado que, en la vida de las sociedades, tiene el reconocimiento a quienes hacen de su existencia un símbolo de compromiso y solidaridad.

Para la Reina y para mí, el regreso a Asturias cada otoño para esta gran cita cultural se ha convertido, por todo ello, en mucho más que una tradición –sí– emotiva y estimulante. Es una fecha muy especial y esperada con cariño; y que vivimos con intensidad por la certeza que nos inspira, porque amplía nuestro horizonte de conocimiento y –aun con las tragedias que a diario suceden en el mundo– refuerza nuestra confianza en la civilización y en el ser humano.

En los últimos años, además, viene acompañada por el recuerdo de nuestras hijas –la Infanta Sofía y la Princesa Leonor, Presidenta de Honor de la Fundación– y por la esperanza en el futuro que representan.

Por otro lado es muy gratificante poder dar las gracias –y lo hago de corazón– a tantas personas que hacen posible, con su generosidad, que los Premios Princesa de Asturias sean una feliz realidad; especialmente a quienes dedican tantas horas a esta Fundación, cuyo prestigio aumenta cada año y con cada ceremonia de entrega.

Y es, desde luego, un privilegio dar la enhorabuena y las gracias a los galardonados y expresar la admiración profunda que sentimos por su obra. A ellos, a nuestros premiados, quiero referirme ahora.

Núria Espert, una de las más grandes actrices españolas, ha sido galardonada con el Premio de las Artes. Ella encarna la fuerza y la belleza del teatro, y representa hoy aquí no solo la mejor herencia de nuestra escena, sino también la de tantos textos y representaciones de dramaturgos de todo el mundo y de todas las épocas: desde la Grecia y la Roma clásicas a Gran Bretaña y Japón, desde Suecia a EE.UU., que ella ha puesto en escena siempre con sabiduría, con inmenso talento, en actuaciones y producciones inolvidables.

Decía Shakespeare, a través de Hamlet –en un texto que Núria Espert conoce bien, pues fue la primera mujer que interpretó este papel en España–, que el fin del arte dramático “ha sido y es presentar, por decirlo así, un espejo a la Humanidad; mostrar a la virtud sus propios rasgos, al vicio su verdadera imagen y a cada edad y generación su fisonomía y sello característico”. Estas premisas son las que, de manera magistral, intelectualmente perfecta y hermosamente coherente ha puesto en juego siempre Núria Espert con su trabajo.

Y hoy, cuando la felicitamos por todo ello, deseamos que la escena española siga contando con grandes profesionales como Núria Espert, conscientes del relevante papel cultural que tiene un teatro de calidad, y siempre vigilantes para que la escena preserve y proteja su dignidad y su imprescindible libertad. Moltes felicitats per la teva carrera, Núria.

El Premio de Comunicación y Humanidades ha sido concedido al fotoperiodista estadounidense James Nachtwey. Él ha dicho que se siente comprometido con los que sufren y que si algún día deja que su éxito profesional sea para él más importante que su compasión, sabrá que ha vendido su alma. Esta afirmación nos da la clave para apreciar la nobleza de su trabajo, y la grandeza de su entrega a los seres humanos más desgraciados, a tantas víctimas de genocidios, desastres naturales, de guerras, hambrunas, enfermedades; a tantas víctimas del odio, la violencia y la injusticia.

Su visión de lo que sucede a su alrededor nunca es superficial, ni irónica, ni débil, ni falsa. Es –antes bien– profunda, solidaria, comprometida y crudamente real. Y en esa sinceridad, que consigue transmitir a través de unas imágenes ciertamente duras, impactantes, reposa también su autenticidad y la honradez que inspiran su trabajo.

Nachtwey ha afirmado, asimismo, que solo lamenta que las cosas que ha fotografiado realmente hayan ocurrido. Y es cierto que tanto sufrimiento, tantas penalidades, nos provocan intensos sentimientos de impotencia y decepción…, nos pesan en el alma. Y nos hacen, además, plenamente ─dolorosamente─ conscientes de las profundas injusticias a las que buena parte de la Humanidad se ve sometida.

Sus fotografías, además, nos conminan a la acción, nos obligan a no desfallecer en la búsqueda de un mundo más humano y fraternal. Son –en palabras de nuestro premiado de las letras, Richard Ford, evocando a Kafka− como “el hacha para el mar congelado que está dentro de nosotros”. Una labor titánica, pero absolutamente necesaria, que agradecemos a James Nachtwey con toda sinceridad.

La británica Mary Beard ha obtenido el Premio de Ciencias Sociales. Su erudición y su amor a la verdad; la defensa a ultranza de las Humanidades y la capacidad innata para compartir y transmitir el conocimiento; o su activo compromiso a favor de los derechos de las mujeres y la pasión con la que expresa sus convicciones… son algunos de los rasgos más sobresalientes de esta destacada intelectual.

La profesora Beard ha bebido en las fuentes de los sabios de la antigüedad grecolatina y de la historiografía occidental para desentrañar la historia y también la intrahistoria de las civilizaciones griega y romana con rigor, con perspectiva, e incluso de forma amena.

Ella nos hace recordar a una de las intelectuales más sólidas de España, a Emilia Pardo Bazán; que en 1916, hace exactamente 100 años, fue nombrada catedrática de Literatura Contemporánea, la primera, en la Universidad Central de Madrid. Era mujer y, por ello, no había podido ni siquiera matricularse en una universidad que entonces todavía respiraba, en muchos aspectos, irracionalidad. Pero, tal y como hace ahora Mary Beard con inteligencia y tenacidad, Emilia Pardo Bazán demostró a lo largo de su vida, con su obra y con sus acciones, que siempre merece la pena luchar por aquello en lo que se cree y, sobre todo, combatió sin tregua para dejar constancia de la profunda injusticia que subyace en la desigualdad entre hombres y mujeres.

Mary Beard trabaja convencida de que con su esfuerzo divulgativo nos ayudará a entender mejor el mundo y su pasado, para así aprender quizás a modelar un mejor futuro. En la senda de los más grandes historiadores, ella reconstruye el pasado para entregárnoslo explicado y comprensible, y para, de este modo, enseñarnos a derribar para siempre prejuicios, tabúes y errores que han influido negativamente en la construcción de nuestras sociedades.

El Premio de Investigación Científica y Técnica lo ha logrado el biofísico estadounidense Hugh Herr, líder mundial en biónica y biomecánica. De inmediato, al pensar en su trabajo, surge en nosotros un sentimiento profundo de esperanza; la esperanza de que millones de personas con discapacidad en el mundo puedan mejorar su movilidad, su calidad de vida, y puedan incluso hacer cosas que antes apenas podían imaginar con ayuda de las prótesis y los exoesqueletos que él y sus colaboradores diseñan.

La principal motivación de Herr, su propia discapacidad, es un síntoma de la magnitud de su empeño, de cómo, con valentía y constancia, ha logrado lo que hasta hace pocos años parecía un deseo irrealizable o pura ciencia ficción. Esa voluntad, sus resultados ya reales y los que él y todos nosotros podemos y queremos imaginar, sin duda nos asombran y nos llenan de emoción.

“Mi única meta ─ha afirmado─ es contribuir con todas mis fuerzas a la misión global de acabar con la discapacidad a lo largo de este siglo”. Sin duda es un reto grandioso diseñar y fabricar elementos pensados para aumentar la experiencia sensorial, la capacidad física y las habilidades cognitivas del ser humano; pero mucho más es hacerlo para mejorar la difícil situación de tantas personas con discapacidad que, en opinión de Herr, son víctimas de una tecnología incapaz y pobre.

Su visión innovadora y creativa es una poderosa luz que ilumina circunstancias y vidas, en muchos casos, llenas de desconsuelo y de dolor, anímico y físico. Es una poderosa luz que deseamos sea pronto accesible y útil para todos los que precisen de ella. Es un sueño hecho realidad por un hombre valiente, esforzado y profundamente comprometido con su trabajo y su vocación.

Las adversidades no pudieron tampoco con nuestro Premio de los Deportes, el triatleta Javier Gómez Noya. Fueron, al contrario, un estímulo más para que llegara a alcanzar las metas más altas en un deporte, el triatlón, que aquí en España ha crecido en los últimos años en buena medida gracias a la brillante carrera de Javier Gómez Noya y a los deseos de tantos aficionados de emular sus triunfos, en un deporte calificable como “total” por el increíble esfuerzo que se realiza.

Javier Gómez Noya es, en este sentido, un atleta con una fortaleza –no solo física, sino también anímica– y una capacidad de resistencia admirables y no muy frecuentes. En cada competición pone en juego los férreos principios con los que ha construido su figura como deportista: afán constante de superación, espíritu de lucha, compañerismo, humildad. Principios que lo han transformado en un deportista de élite, en un campeón del mundo indiscutible.

la Fundación y nuestros Premios nacieron también por un sentimiento: el de amor profundo a Asturias y a toda España. Nacieron con el deseo de que el alma de esta tierra ─su lealtad, su coraje y su nobleza─ fuese un referente para todos. Nacieron con la voluntad de afirmar una España que, como dijo Unamuno, tiene que ser de brazos abiertos, en la que nadie pueda sentirse solo en el dolor o la adversidad; una España alejada del pesimismo, del desencanto o del desaliento, fiel a su irrenunciable afán de vivir y orgullosa de lo que somos, de lo que juntos hemos conseguido, que ha sido mucho y admirable; y seguros de nosotros mismos, porque un pueblo que quiera, respete y ampare la cultura nunca le temerá a su futuro

Y es también un verdadero modelo para todos aquellos que quieren llegar a lo más alto en un deporte y un símbolo de lo que alcanzamos cuando nuestras sanas ambiciones se construyen con fortaleza y con ilusión.  Con ese espíritu positivo envidiable –que siempre demuestra y le ayuda a superar incluso lesiones como la que le ha impedido acudir a los Juegos Olímpicos de Río–, Javier es, en definitiva, un símbolo de los mejores valores del deporte y un verdadero orgullo para sus raíces gallegas y para toda España.

El escritor estadounidense Richard Ford ha sido galardonado con el Premio de las Letras. Su nombre se une así al de otros grandes de la literatura de EE.UU. que recibieron nuestro galardón en ediciones pasadas.

Es un autor muy consciente del papel fundamental e insustituible que la literatura tiene en el entramado cultural de una sociedad. “Quiero que mis libros sean útiles, que ayuden a vivir”, ha escrito. Por eso sus obras destilan esa pureza, esa honradez, y esa grandeza. Porque Ford escribe de lo que mejor conoce y de lo que siente, con una mirada que −de forma exhaustiva y penetrante− disecciona pasiones, sentimientos, reacciones, angustias, fracasos y éxitos; consiguiendo de ese modo representar fielmente –y dignificar, como es su objetivo– a los seres humanos.

Lo hace, además, a través de personajes con vidas normales. La vida real en estado puro e incluso en ocasiones narrada en tiempo real, con ritmo lento y de forma precisa y meticulosa. Como ha escrito su amigo John Banville – premiado aquí hace dos años y que presentó la candidatura de Ford a este premio–, “su sutil crónica de la vida contemporánea americana tiene la cualidad atemporal de todo arte verdadero (…). La vida late en sus páginas y sus personajes son tan reales para nosotros como aquellos con los que compartimos la mesa del desayuno cada mañana.”

Ya sea en su trilogía de novelas con Frank Bascombe como protagonista o en otras de gran éxito, como Canadá; en sus espléndidas colecciones de cuentos o en el impagable Flores en las grietas, donde Ford reflexiona sobre la literatura y el oficio de escribir, su obra logra transformar lo pequeño, lo cotidiano, incluso lo mediocre, en obra de arte; la de un ser humano que, como él dice con humildad, tan solo quiere escribir para otros seres humanos.

La Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Acuerdo de París han obtenido el Premio de Cooperación Internacional. El acuerdo de la ONU para estabilizar las emisiones de gases de efecto invernadero alcanzó un compromiso realmente histórico a finales de 2015 en París. Un acuerdo vinculante y universal, aprobado por 195 países y que es el comienzo de la unidad a escala global que es imprescindible para contener el aumento de la temperatura de la Tierra. En apenas quince días ─el 4 de noviembre─ el Acuerdo de París entrará en vigor, una vez que ha sido ratificado ya por el 55% de los países.

Como ha afirmado el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, el impulso global ha hecho que lo que antes era impensable sea ahora imparable. Desde que empezamos a sentir los primeros síntomas de alarma, la Comunidad Internacional sabe que la solución solo puede llegar si la afrontamos unidos, solidariamente implicados e incluso moralmente obligados; puesto que somos víctimas, sí, pero somos sobre todo responsables… causantes de todo este daño. En este sentido, Tanto la Convención Marco, como el Acuerdo mismo, son la clave de ese compromiso mundial; que es emocional y moral, pero que también tiene que ser tecnológico, científico, económico y político.

La Cumbre del Clima de París (COB 21) y el Acuerdo en ella adoptado son, sin duda, un comienzo muy positivo. Sobre todo porque ahora ya sabemos a ciencia cierta que la elevación de la temperatura de la Tierra, y los gravísimos problemas que acarrea, necesitan de una solución urgente y consensuada, que no puede ser unilateral. Porque ahora ya sabemos que protegiendo el medio ambiente no solo protegemos los bosques, las aguas, los cielos, la fauna y la flora; nos protegemos a nosotros mismos y nuestra pervivencia sobre la faz de la Tierra.

Ha llegado ya el momento de pensar en un futuro del que podamos borrar para siempre la amenaza global y en el que triunfen el desarrollo sostenible, la reducción definitiva de emisiones contaminantes, el uso de energías renovables, el reciclado… y el acuerdo de todos para que la temperatura del planeta no siga elevándose. Gracias a Patricia Espinosa y Christiana Figueres que acuden hoy a recibir este premio y que representan a muchas personas y nos representan a todos.

Aldeas Infantiles ha sido galardonada con el Premio de la Concordia. Detrás de este nombre palpita el trabajo pionero, perseverante y entregado de miles de personas, desde que hace más de sesenta años, el austriaco Herman Gmeiner fundara esta Organización en favor de la infancia.

En organizaciones humanitarias como Aldeas Infantiles las cifras nos ofrecen una visión certera de su trascendencia. Permítanme el detalle: A día de hoy, cuenta con 546 Aldeas en 134 países que atienden a más de 450.000 niños y jóvenes y ofrecen un número aún mayor de tratamientos médicos. Son datos que hablan por sí solos. Y son aún más sensibles cuando pensamos en que las niñas y niños del mundo son los seres humanos más vulnerables, más indefensos y que más necesitan de nuestra protección y nuestra ayuda. Por eso la labor de una organización como Aldeas Infantiles nos produce de inmediato unos sentimientos de emoción y gratitud muy profundos.

La Humanidad no estará completamente a salvo mientras no comprendamos que proteger, atender y educar a la infancia es una prioridad. Aldeas Infantiles nos lo recuerda a diario, con su labor sacrificada, infatigable y entregada. De poco servirá que nos planteemos retos a corto plazo, si no tenemos visión de futuro. De poco servirá que resolvamos de manera provisional e inmediata los problemas de nuestra sociedad si no adoptamos, al mismo tiempo, soluciones duraderas y profundas.

Y como sucede con el cambio climático, los males que aquejan y acosan a la infancia tienen que ser resueltos de manera consensuada y definitiva, porque son una dolorosa prueba y una llamada de alerta constante de que muchas cosas no funcionan bien en nuestro mundo, de que no podemos esperar que otros lo arreglen, de que solucionarlo es vital en la construcción del camino hacia nuestra dignidad como seres humanos. Por eso, apoyar y fomentar la labor ejemplar y abnegada de Aldeas Infantiles debe ser claramente un imperativo.

Señoras y señores,
Me gustaría ahora, ya cerca del final de esta ceremonia, con el ánimo lleno enseñanzas y una inmensa gratitud, dirigirme brevemente a quienes son sus principales protagonistas.

Queridos premiados,
Durante estos días estoy seguro de que habréis podido valorar y disfrutar de esta maravillosa tierra que es Asturias; de que habréis sentido la admiración y el respeto de los asturianos por vuestras obras; de que habréis vivido momentos muy especiales, espero que inolvidables y llenos de emoción y agradecimiento. Pero, más allá del reconocimiento a vuestros méritos, no quisiera concluir mis palabras sin volver a la razón de ser de esta ceremonia.

Nuestros galardonados siempre nos han recordado –nos habéis recordado estos días, y también desde esta tribuna– que no hay ninguna gran obra científica, política, social o artística, que no haya surgido por unos ideales firmes y sólidos. La Fundación y nuestros Premios nacieron con la convicción de que el conocimiento, que nace del estudio, del esfuerzo y de la experiencia, es un valor esencial para el desarrollo y el bienestar integral de las personas; de que el saber ─esa puerta a la que nunca hay que dejar de llamar─ aporta luz y razón a ese camino que debemos recorrer sin cesar para afrontar la gran complejidad del mundo en el que vivimos.

Los Premios nacieron, en fin, como un sentido acto de afirmación cívica de la cultura frente a la ignorancia. Y así, en este año de celebración del 400 aniversario del fallecimiento de Cervantes, inspirémonos en la figura de Don Quijote y creamos firmemente, como él, que la cultura enriquece siempre la convivencia, alimenta los más altos valores del espíritu, ennoblece los sentimientos de las personas y nos ayuda a vivir con la mayor dignidad.

Y debo decir, con humildad pero con satisfacción, que a lo largo de los años los Premios han superado nuestros objetivos, que nunca nos han defraudado… Nuestros premiados habéis sido la representación más alta y brillante de ese afán por hacernos mejores personas, de ese anhelo por hacer un mundo mejor donde prevalezcan la concordia, el respeto y la solidaridad.

Nos habéis enseñado que los grandes progresos se alcanzan cuando se unen los saberes y conocimientos; cuando las ciencias dialogan con las humanidades; cuando las artes y las letras se funden con la concordia; cuando la cooperación se entrelaza con la ejemplaridad o el deporte se da la mano con la solidaridad.

Gracias a todos y cada uno de vosotros somos más conscientes de que el progreso es siempre fruto de muchos esfuerzos compartidos entre personas de orígenes diversos, entre culturas y creencias distintas, entre naciones diferentes. Y nos habéis recordado que no hay ninguna gran obra, ninguna gran creación, que no haya surgido, asimismo, desde los más auténticos sentimientos.

Pues la Fundación y nuestros Premios nacieron también por un sentimiento: el de amor profundo a Asturias y a toda España. Nacieron con el deseo de que el alma de esta tierra ─su lealtad, su coraje y su nobleza─ fuese un referente para todos. Nacieron con la voluntad de afirmar una España que, como dijo Unamuno, tiene que ser de brazos abiertos, en la que nadie pueda sentirse solo en el dolor o la adversidad; una España alejada del pesimismo, del desencanto o del desaliento, fiel a su irrenunciable afán de vivir y orgullosa de lo que somos, de lo que juntos hemos conseguido, que ha sido mucho y admirable; y seguros de nosotros mismos, porque un pueblo que quiera, respete y ampare la cultura nunca le temerá a su futuro.

Y esta es la razón, queridos premiados, señoras y señores, por la que nos reunimos hoy todos aquí en Asturias y en este Teatro Campoamor de Oviedo, ─como cada año desde hace 35, cuando nacieron nuestros Premios─ para ensalzar vuestros méritos, para reivindicar que la cultura inspire nuestra libertad y para renovar nuestro compromiso con España.

Muchas gracias.