Published On: Lun, Sep 5th, 2016

El futuro del heredero

Vicente Bernaldo de Quirós

05-09-2016

Vicente Bernaldo 1   Si el Partido Popular se juega mucho en las elecciones gallegas del próximo 25 de septiembre no solo es el Gobierno de Galicia, que ahora detenta con mayoría absoluta Alberto Núñez Feijoo, sino también el propio futuro del partido, ya que todo apunta a quien fuera director general de Correos cuando Francisco Álvarez-Cascos era ministro de Fomento tiene todas las de ganar para suceder a Mariano Rajoy al frente de la formación conservadora, porque todo hace prever, que el actuar presidente del Gobierno no revalidará el cargo, dada la feroz oposición de la izquierda y de los nacionalistas (que son mayoritarios) a que sea investido de nuevo. Salvo que las cosas tomen un giro copernicano en las próximas horas o haya unas terceras elecciones en las que el PP se tome un respiro a costa de Ciudadanos.

   Núñez Feijoo es un valor en alza desde hace mucho tiempo y si triunfo en las elecciones gallegas le catapultará a la presidencia del PP, porque es conocido que a Mariano Rajoy no le dará sus camaradas la más mínima oportunidad si el partido pierde el Gobierno de España. Pero para que suceda la sucesión del registrador de Santa Pola, el presidente gallego tiene que salir fortalecido el 25 de septiembre porque, de lo contrario, su gozo en un pozo.

   Lo tiene complicado, no os vayáis a creer. Deberá volver a sacar mayoría absoluta y que las sumas de las Mareas (en alza) y el PSOE (en baja), con la complicidad del desconcertante Bloque Nacionalista Gallego (BNG) no les den los votos suficientes para desalojarlo del poder, que está en la mente de toda la oposición gallega. Las encuestas lo sitúan como el partido más votado, pero ya sabéis lo que pasa con el PP cuando no tiene todos los diputados de su lado: que concita más rechazo que apoyo y eso, a la larga le puede ocasionar un grave problema. Alberto Núñez Feijoo tiene algunos cadáveres en el armario y más de una fotografía comprometedora que si por el momento le han salvado los muebles, en esta vorágine de epidemias de corrupción puede ocasionarle más de un disgusto.

   Como el chaval es bastante listo ha empezado desde hace un par de meses a tomar medidas muy electorales en pagas  a funcionarios y a trabajadores en situación desfavorecida, ha suavizado la defensa del golpismo durante la guerra civil, que el PP a nivel nacional mantiene como si fueran los verdaderos nietos de Mola y Sanjurjo, apelando a la necesidad de desembarazarse del franquismo, para seducir a los menos ultras de su ideología y a los centristas que todavía le consideran un buen político para Galicia y, en el lado contrario, ha  decidido modificar el decreto sobre el gallego para convencer a los medios nacionalistas, aunque el asunto del idioma no es conflictivo en Galicia, porque así lo quiso Manuel Fraga.

   También ha jugado con el factor tiempo. Ya se sabe que el que primero golpea, lo hace dos veces y así el presidente gallego aprovechó para convocar elecciones cuando el PSOE vive una crisis interna muy notable con discrepancias entre el alcalde de Vigo y la dirección del partido en Galicia, con la oposición de Pedro Sánchez,  y arriesgó creyendo que las mareas y Podemos no iban a confluir y aún está por ver que esas pequeñas discusiones entre las izquierdas les vayan a  pasar alguna factura.

   A Núñez Feijoo le interesa sobremanera que Rajoy no sea investido antes del 25 de septiembre. Bueno, maticemos. No le interesa como supuesto aspirante a sucederle, pero como militante del PP le es absolutamente necesario para que no cambie la política conservadora hacia Galicia que ha sido francamente favorecedora y en detrimento de otras comunidades. Si, con todavía España gobernada en funciones y con Núñez Feijoo revalidando la Presidencia de Galicia, el futuro del heredero estará despejado. Si no es así, que se olvide de dirigir al conservadurismo patrio porque los derrotados no suelen tener oportunidades en el PP. Fiaros como Rajoy ganó tres veces, una de ellas por mayoría absoluta, y todavía algunos le niegan el pan y la sal.