Published On: Lun, Sep 12th, 2016

Basura

“La mayoría de estos tipos a quienes pagamos sueldos fabulosos por no hacer nada están dando un espectáculo bochornoso y terrible”…//

12-09-2016

Jaime Poncela 1A finales del siglo pasado, Manuel Vicent escribió que “la democracia es una máquina de achicar la basura que la sociedad va generando sistemáticamente”. Leo esta frase mientras oigo a lo lejos, en la televisión y las tertulias, los vagidos impotentes que sus señorías y sus escuderos lanzan desde la tribuna del Congreso y los platós, lamentando, disculpando o camuflando otra vez la impotencia propia y ajena para poner de nuevo en marcha el motor de la trituradora de basuras de la democracia. Vicent tenía razón, pero tal vez no contó jamás con que esta sociedad y esta clase política tuvieran tal capacidad de generar semejante volumen de basura que, llegado un punto, la maquinaria de la democracia sea incapaz de triturar al ritmo deseado.

Solo el montón de mierda de la corrupción producida por los Bárcenas, Rato, Mato, Bigotes, ERES, las bodas del Escorial, los sobrecogedores varios, los Pujol, los Villa, los Marea o los Pokémon, solo ellos, pueden tupir la cloaca máxima del Estado hasta el punto de atorar la maquinaria de la democracia dirigida por unos seres mediocres, oportunistas, interesados e incapaces que, además, ignoran cómo acabar con el paro, la miseria, el abandono de los débiles, los contratos de miseria, la trata de seres humanos o el desguace del estado del bienestar. La mayoría de estos tipos a quienes pagamos sueldos fabulosos por no hacer nada, están dando un espectáculo bochornoso y terrible que evitamos ver en la televisión pasando al canal de “Sálvame” porque ya nos resulta muy difícil creer en ningún discurso que no sea el de Belén Esteban.

Manuel Vicent no calculó que la democracia fuese un día incapaz de tragarse toda la basura de la sociedad. Al igual que el Planeta, nuestra democracia se autodestruye y esteriliza por recalentamiento, por la negativa de los grandes productores de basura a autorregular sus emisiones de corrupción, incapacidad y palabrería.