Published On: Mar, Sep 20th, 2016

Armas peligrosas

Vicente Bernaldo de Quirós

20-09-2016 

Vicente Bernaldo 1   Cada vez que se produce un tiroteo en Estados Unidos con resultado de muertes, todos los analistas (o casi todos, no conviene generalizar) de ese país se hacen sesudas reflexiones sobre las causas de la balacera y aconsejan prudencia, control y tranquilidad, pero muy pocos entran en la raíz del problema que no es otro que la legal y publicitadísima venta de armas en un país en el que las alteraciones de la salud mental de sus ciudadanos es muy preocupante y un índice superior al de otras naciones del mundo.

   Casi no hay día que pase que no sea noticia internacional (lo sucedido en América del Norte tiene una gran repercusión en todo el mundo) el disparo de una persona contra otra y la consecuencia funesta de la pérdida de una vida humana. No voy yo a ser lo suficientemente demagógico para pensar que los naturales de ese país tienen una tendencia natural a pegarse tiros unos a otros, pero sí sería conveniente que no tuvieran tanto gatillo fácil, sobre todo aquellas personas que forman parte de los cuerpos de seguridad y que preguntan después de haber utilizado su revólver.

   A mí me parece que un país en el que se considera un logro de la libertad individual poder disponer legalmente de un arma y comprarlo sin receta psiquiátrica, no está bien de la mollera. Pero,  si pensamos solo en el aspecto mental, a lo mejor estamos errando el tiro y las verdaderas razones están en otra parte. Por supuesto, en el negocio. La venta de armas en Estados Unidos representa un porcentaje muy importante de su Producto Interior Bruto y los lobbies favorables a este negocio no van a soltar su presa fácilmente. La Asociación Nacional del Rifle, que en su día presidiera Charles Heston, es un poder muy influyente y hace todo lo posible (y hasta lo imposible) por evitar que nadie meta las narices en sus armerías. Por esa razón, son muy pocos los políticos y dirigentes norteamericanos que han planteado sin ambages la prohibición de las armas de fuego, o al menos, su compra indiscriminada.

   Sin embargo, los pocos congresistas y senadores que han insinuado la posibilidad de vetar el comercio de armas en el país se han encontrado con una disposición de su Tribunal Supremo, apelando a no sé que número de enmienda constitucional, para salvaguardar el uso y libre circulación de armas. Por muy legal que sea, a un servidor le parece tan aberrante que se puedan vender armas en un país de forma totalmente arbitraria, como que en un país musulmán se obligue a las mujeres a llevar el niqab o el velo islámico, con el agravante de que USA es una nación cuyas actuaciones repercuten sobre todo el mundo.

   Después está el tema de la frivolidad con la que los estadounidenses disparan sus rifles, apelando siempre a una supuesta defensa propia o a la prevención de la propiedad privada. No digamos nada ya de la impunidad con la que gozan los diferentes cuerpos policiales del país que un día si y otro también se ponen la herida antes de la venda y disparan a mansalva sobre honrados ciudadanos que tienen la mala suerte de encontrase en su camino. Sobre todo si el todopoderoso agente es blanco y de buena familia y la víctima es negra, que ya se sabe que los individuos de color tienen un potencial peligroso especial. Los homosexuales y las mujeres son también carne de cañón favorita para las policías (en sus múltiples variedades) de un país en el que existen muchos déficits, pero no precisamente de agentes del orden.

   Afortunadamente, y vamos a tocar madera, esta fiebre de las armas no ha llegado todavía a Europa como lo han hecho otras modas estadounidenses, posiblemente porque el Viejo Continente todavía mantiene cierto sentido del ridículo y del pudor. Pero no cantemos victoria antes de tiempo, no vaya a ser que los malvados negociadores del Tratado de Libre Comercio entre los dos países consideren que un yacimiento de negocio especial para la Unión Europea y países satélites sean los comercios de rifles en los que por un buen precio se puede llevar a casa uno un revólver. Las armas son peligrosas, pero muchas más peligrosas son algunas mentes.