Published On: Mar, Jul 26th, 2016

La banca que nos hurtaron

Vicente Bernaldo de Quirós

27-07-2016

Vicente Bernaldo 1   Teníamos una banca semipública que se preocupaba básicamente de las economías domésticas y facilitaba los créditos en condiciones beneficiosas para el cliente y, además, gozábamos de sus actividades culturales, sociales y hasta inversoras, con notoria raigambre en nuestras ciudades y solvencia económica más o menos garantizada, porque tenían el respaldo de las instituciones y no eran entidades con ánimo de lucro, porque no las dirigían  sociedades anónimas. Habían sido creadas ya en el siglo XIX, pero permanecieron a lo largo de la pasada centuria, cumpliendo su papel en situaciones muy diversas desde el punto de vista de la gobernabilidad.
Hasta que llegó la crisis y el pez grande se comió al chico, al que culparon de ser el causante de las deudas bancarias, como si las entidades con ánimo der lucro, no estuvieran tan pringadas como las cajas. Era ignominioso ver las calumnias que muchos tertulianos, altavoces de la gran banca y las multinacionales, se empeñaron en afirmar que el despilfarro de los consejos de administración en los que figuraban partidos y sindicatos era consustancial a ese modelo financiero que tan buenos oficios llevó a efecto durante muchos años, para quitar de en medio a los representantes de los ciudadanos .
La presión de los grandes bancos, del poder financiero multinacional y de los grupos de presión de toda índole convirtió las cajas en bancos y les hizo pagar la crisis que otros habían puesto en marcha, con el fin de embolsarse más réditos y hacerse con los ahorros de los menos favorecidos, a un tipo de interés que les obligara a estar pagando toda su vida y parte de la de sus herederos. Así las cajas de ahorros, con el estigma del fracaso, se fueron con la música a otra parte y en Asturias, la Caja de Ahorros, Cajastur, se convirtió en Liberbank, por mor de las normativas aprobadas por la derecha en el poder y con la complicidad repugnante de los que llevaban las riendas, que traicionaron los principios fundacionales y se pasaron al enemigo con armas y bagajes
La banca que nos hurtaron, aunque lo mejor es decir la que nos robaron, permitía a muchos trabajadores solicitar préstamos a un interés razonable, salir de vacaciones, adquirir un coche o una vivienda, sin  tener que empeñar un riñón  para devolverlo y tener el margen suficiente de crédito para poner un pequeño negocio si el trabajo que realizabas pasaba por dificultades o cerraba la fábrica donde habías estado desde la adolescencia. Además, nos revertía las ganancias, a través de una obra social y cultural que nos daba la oportunidad de visitar exposiciones nunca vistas, contemplar grandes conferencias o visionar películas que apenas se habían proyectado en las pantallas comerciales. Y eso no era todo. Como los partidos políticos estaban en el Consejo de Administración procuraban que las cajas de ahorros financiaran inversiones muy importantes que representaban infraestructuras básicas para mejorar.
Hubo, es cierto, comunidades autónomas, donde se produjo un derroche de malas inversiones que lastraron la economía de estas entidades. Pero jamás se pudo decir eso de Cajastur que , aunque como todo dios sufriera los embates de la crisis especulativa surgida en Estados Unidos, podía presumir de número solventes en su cuenta de resultados, tal y como atestiguan las diferentes memorias que clientes, impositores y organizaciones aprobaban todos los años.
El problema de Asturias nació del sectarismo interno entre los socialistas asturianos. La Caja de Ahorros tenía una participación muy importante de Gijón, por ser parte fundacional de la entidad. En Gijón estaba como alcalde, Vicente Alvarez Areces, enemigo a ultranza del todopoderoso, y hoy confusional, José Ángel Fernández Villa que pretendía todo el poder para sí y urdió una conspiración al alimón con el PP para evitar que Areces fuera influyente en la Caja y los intereses de la primera ciudad de Asturias no estuvieran bien representados.
En esta siniestra operación jugó un papel clave el hoy presidente de Asturias, Javier Fernández, siempre sumiso a los intereses del líder del sindicato minero, hasta que se vino a andana cuando los medios de comunicación descubrieron sus millones ocultos y amparados por una amnistía fiscal. Entre Fernández y el entonces presidente del PP, Isidro Fernández Rozada, le hicieron la pinza al entonces alcalde de Gijón y pusieron en la presidencia de la entidad crediticia a un economista de Salas, supuestamente fácil de manejar y que no fuera hostil a sus intereses. Durante mucho tiempo, Menéndez, fue el sargento chusquero de Villa y del  PP hasta que, lo mismo que Javier Fernández con Josiángel, llegado el momento, se independizó del actual presidente del Principado y si te vi no me acuerdo, dejando postergadas las necesarias inversiones para Asturias con financiación pública.
O sea que la crisis nos dejó sin créditos razonablemente bajos, sin obra social y sin financiación para pymes, convirtiéndose en un banco cualquiera que cobra comisiones por toser y cierra oficinas en los pueblos de Asturias, que sus habitantes precisan como el comer para hacer gestiones propias de un cliente normal de una entidad que le guarda el dinero. Claro que ahora ya no hay intereses por hacer operaciones con tus nóminas y tus pensiones y vas a tener que ser tu el que pagues porque hagan con tu dinero lo que les parezca.
La siguiente reflexión nos llega a la necesidad de resucitar la banca pública, que cumpla la función correctora que le sociedad le demanda contra los abusos de las grandes entidades financieras. Banca pública como existe no solo en muchos países, sino en la propia Unión Europea, salvo en España, donde los Botin, los González, los Ron, y varios etcéteras tienen una visión estrecha de los negocios, cortando las alas a los demás para poder embolsarse miles de millones de euros, sin despeinarse. Una banca pública que se necesita con la misma urgencia que un infartado precisa la cafitrina  para tratar de sobrevivir. La banca que nos hurtaron, aunque lo mejor es decir la que nos robaron, tienen que volver a ser nuestra. Que nos la devuelvan.