Published On: Mar, Jun 21st, 2016

Una apuesta poco arriesgada

“Gran Bretaña es en Europa la quinta columna de los Estados Unidos y quien defiende los intereses de las grandes marcas comerciales” //

 Vicente Bernaldo de Quirós

21-06-2016

Vicente Bernaldo 1   A pesar de que no soy aficionado a jugar a los pronósticos de las casas de apuestas deportivas que abundan en nuestras competiciones y en las que se llega a poner dinero sobre la mesa hasta por conocer los motivos del tatuaje en el bajo vientre del goleador de moda, esta vez voy a arriesgar y a vaticinar que Gran Bretaña va a seguir perteneciendo a la Unión Europea tras el referéndum de este jueves,  dándole la vuelta a las encuestas favorables al Brexit (o sea a la salida de la UE) y a las alarmas un tanto injustificadas que se han desatado en todo el continente sobre los peligros de la no permanencia.
Es una apuesta poco arriesgada, no os creáis, porque la evolución de los sondeos se desarrolla tal y como lo habían calculado los expertos para que las millonarias inversiones de la City y de las grandes empresas y multinacionales británicas puedan dar los resultados apetecidos. Las firmas industriales y los directivos de las supranacionales se juegan demasiado en este envite para que unos cuantos indecisos o el nacionalismo insular más unión Jack les hurten los incentivos y los beneficios.
No es que haya sido una jugada maestra, pero casi. Los brokers y las bolsas británicas, que ya tienen unas condiciones favorables y muy discriminatorias para el resto de los países, se conjuran para chantajear a los organismos paneuropeos para que les doten de mejores beneficios y más cláusulas de descuelgue en el tema social, mientras que el primer ministro David Cameron escenifica con acierto de Oscar al mejor actor las brutales consecuencias de un abandono de la UE, sobredimensionado por analistas y sondeos de opinión. No hay que extrañarse porque así actuaron a lo largo de su trayectoria comunitaria Margaret Thatcher, John Major y Toni Blair con resultados muy fructíferos. No iba a ser distinto el premier tory.
La única putada para Gran Bretaña de un posible éxito del Brexit es que Gales y Escocia, tradicionalmente más proeuropeas que Inglaterra, se sentirían legitimadas para tomar las de Villadiego, lo que debilitaría el poder de Londres, donde solo en determinados círculos rurales y desestructurados por el expolio a la industria tradicional que hizo la dama de hierro, prende la llama del abandono de las instituciones comunitarias.
Ni siquiera el asesinato de la diputada laborista Jo Cox, activa defensora de la permanencia en la UE puede volcar las posiciones en contra del Brexit, porque la opinión de los británicos a quedarse en Europa, ya estaba definida antes del crimen. Por cierto, un acto terrorista que vuelve a poner de manifiesto la incapacidad de los servicios secretos británicos, más pendientes de satisfacer con sus investigaciones los intereses de la City y de sus multinacionales que de preservar a los ciudadanos de la isla de los peligros de un loco suelto, cuya situación mental y personal pudo haber sido fácilmente inducida por quienes tienen poder suficiente para reconducir los acontecimientos.
Gran Bretaña es en Europa la quinta columna de los Estados Unidos y quien defiende los intereses de las grandes marcas comerciales y relega al último lugar los intereses y las conquistas sociales de sus trabajadores. Los europeos de pedigrí caminan con el culo pegado a la pared cada vez que tienen que negociar con el otro lado del canal de La Mancha, porque siempre se dejan jirones en la piel de difícil cicatrización, hasta el punto de que muchos partidarios de la Europa unida sentirían un alivio inconmensurable en privado si los partidarios del no se llevan el gato al agua. De todas maneras, se tendrán que contentar con el triunfo de la City.
En fin, ya me contareis a finales de semana si esta apuesta poco arriesgada a la que me atrevo a vaticinar, se cumple o llevo un chasco de campeonato. Yo que para esto del dinero soy más bien prudente y conservador estoy haciendo con el referéndum del jueves un ejercicio de osadía. Y no me parece que me vaya a salir mal la juegada.