Published On: Sab, Nov 14th, 2015

Aire viciado

 

“No se entiende muy bien las admoniciones de la consejera de Medio Ambiente, Belén Fernández, tildando de alarmistas las informaciones de las organizaciones ecologistas”// 

Vicente Bernaldo de Quirós

14-11-2015

Vicente Bernaldo 1   No sé porque se empeñan las autoridades locales y regionales en minimizar los datos, y en ocasiones hasta negar, sobre contaminación atmosférica que se difunden en nuestra comunidad autónoma y en las principales ciudades industriales, especialmente Avilés y Gijón, donde la polución alcanza cotas bastante inquietantes y que ha puesto en pie de guerra a los vecinos y a las organizaciones ecologistas para que se ponga remedio a esta situación, o al menos, se mitigue considerablemente.

Es verdad que las condiciones meteorológicas de los últimos tiempos no contribuyen a que se disipe el aire viciado que venimos respirando periódicamente, pero, independientemente de la escasa colaboración de ese factor, la población tiene la sensación de que desde la Consejería de Medio Ambiente, especialmente, pero también desde las correspondientes concejalías locales se hacen oídos más que sordos a las preocupaciones de los vecinos.

Los datos no son esporádicos, aunque pueden oscilar más o menos en función de los anteriormente citados elementos meteorológicos, sino que son permanentes y revisten la gravedad que han venido denunciando asociaciones vecinales y medioambientales en su deseo de evitar que el aire viciado pueda ser un aspecto más que deteriore la salud de los asturianos, Las diversas plataformas que se movilizan con cada vez más profusión en la región son bastante elocuentes a la hora de presentar sus conclusiones que, por el momento, no han sido rebatidas, sino ninguneadas, por los organismos correctores correspondientes.

Existe la convicción de que hay una total parálisis en los encargados de poner medidas que subsanen estas circunstancias y desde las autoridades regionales se trata de contrarrestar las noticias negativas con alusiones a la mejora circunstancial, sin entrar, además en el meollo de la cuestión.

Por esta circunstancia, no se entiende muy bien las admoniciones de la consejera del ramo, Belén Fernández, tildando de alarmistas las informaciones de las organizaciones ecologistas. Yo creo que la debería estar alarmada es la propia titular del departamento porque los datos son irrebatibles y que operen o no máxima preocupación ante la opinión pública debe ser lo de menos. Cuanto mayor conocimiento tengan los ciudadanos de sus índices de contaminación muchísimo mejor. Lo demás es tratarlos como niños de biberón.

Entre las informaciones que se conocen de los efectos y corrección de la contaminación existe un aspecto preocupante: es el de las sanciones y advertencias que se hacen a las empresas que desprenden partículas de polución a la atmósfera. Existe la creencia de que no solo no son efectivos, sino que se tiene demasiada cautela ante la reacción que puedan tener estas empresas, básicamente multinacionales. Está bien la prudencia para no provocar huidas hacia otros paraísos contaminantes por lo que supone de regresión en el empleo, pero vale más una persona con salud que un trabajador enfermizo y que arrastre problemas respiratorios o de otra índole.

Creo, en definitiva, que la contaminación atmosférica en nuestras ciudades es un problema mayor del que supone para algunos y que repercute muy negativamente en un porcentaje muy importante de la población asturiana. Compromiso de todos es hacerle frente, pero especialmente de quien se encarga de velar por la salud y la calidad del aire de Asturias. Y si hay que adoptar medidas contundentes contra algunas grandes industrias de la región, ya se sabe. Como subrayaba aquel eslogan de las asociaciones antinucleares, es preferible ser activo a morir radioactivo.