Published On: Dom, Sep 21st, 2014

Maxi trasciende

 

El estreno de la adaptación de Carne de gallina confirma al dramaturgo y director asturiano en la élite del teatro español actual.

 José Mª Caso

José María Caso21-09-2014.- Ponte que alguien sea capaz de despojar una coña de esas asturianas en las que el receptor se suma al emisor modificando por ampliación, más desbarre, pues, el mensaje y convirtiendo en circular la comunicación lineal, incluso elíptica, plurivalente, polifónica.

Pon veinte mil duros, según concluía mi padre cuando observaba que estabas haciendo cuentas con el dinero de los demás utilizando, curioso, la unidad monetaria de la que, siguiendo al gran Alcántara, don Manolo, no te equivoques, más allá ya somos incapaces de saber de cuánta pasta hablamos. Y eso, di, pronuncia frases hechas, estereotipos en ocasiones con un toque bestialmente innovador pronunciados tantas veces cuantas nos molestan e incomodan que rechazamos por antiestéticos más que por blasfemos (religiosos o laicos), por malsonantes más que por soeces (sexuales o quirúrgicos).

Una vez abolidos los significados por agotamiento, recrea el destilado primero para resucitar el poder exacto de las palabras. Y esa nada será el todo que encuentra como así sin parecerlo monólogos en distintas personas de Shakespeare, coros democráticos de Eurípides, enredos desencadenantes de Lope, naturalismos brutales de Williams, por ejemplo. El aparatu, déjalu pa otra vez, ¿oíste? (…) ¿Sabes cómo te digo?: sin dase un pijo importancia. (…) Ahora, vamos con los cacharros.

 Se llama Maxi Rodríguez. Y es más que probable que su adaptación teatral apuntalado su texto por Sergio Gayol y Javier Maqua de la película Carne de gallina (2002) del primero y el último que se estrena este domingo 21 septiembre, San Mateo, en Oviedo sea la culminación magistral de su gran talento larvado biográficamente y desarrollado estudiosa, constante y técnicamente. El dramaturgo asturiano firma una dirección magnífica de ritmo escénico perfecto e imparable en sus medidos crescendos y pianos desde el monólogo introductorio en primera persona de Manuel Álvarez Guzmán hasta el final en segunda persona de Gelín a lo largo de la hora y media de función.

La obra de teatro Carne de gallina reduce a diez los personajes, modifica algunos de sus caracteres y varía la peripecia manteniendo sus resortes hasta tal punto que algunas acciones y diálogos deslavazados de la película en la lectura y rescritura cobran tal importancia que el aura surrealista en lugar de convocar a risa, que también, dispara los significados semánticos y pragmáticos. Y no lo hace barrenándolos sino trasladándolos para reflejárnoslos. Dirías que Maxi sublima la anécdota pasando deductivo de la particularidad a la universalidad igual que el personaje principal anuncia en el comienzo del desenlace que “Papa trascendió”. Parece coña. Pero no lo es aunque su forma de presentarlo llame al descojone y esta vida sea una comedia: más que nada lo digo por evitar abundar en esa misma tragedia que somos.

Que el deus ex machina sea la puta; la roldana del castillete, el reló; el castillete, el horizonte; el nicho, el dormitorio; la escombrera, el cubilete del chigre; el alambre, el cercado de nuestro gallinero que constituye la gran escenografía de Alicia Vaquero iluminada melancólicamente muy bien por Pancho Villar. Que Carlos José Martínez presente la música tan estupendamente o que case perfecto a los personajes el vestuario de Azucena Rico son algunas cosas de las tantas sobresalientes a las que nos invita esta Carne de gallina, la confirmación de Maxi Rodríguez como uno de los mejores dramaturgos del actual panorama teatral español.

A ello contribuye impecable un elenco de actores magníficos. Y más que lo serán a medida que se repitan, porque se repetirán, las actuaciones, el médico de Jorge Moré, los Luisón y el cajero de Mario Alberto Álvarez, el (A)mador de Roberto Carlos Suárez, la Adelina de Carmela Romero, la Carmina de Concha Rodríguez, la Ágata de Rosa Merás y sobre todo el filólogo Ceferino de Sergio Gayol que vuelve a darle la réplica en ese elevado y sutil punto justo a uno de los grandes actores entre los grandes: Sandro Cordero, esta vez Gelín, propietario de un bajo en La cuenca. “Correcto”.